martes, junio 27, 2017

De las ganas de estar

De querer estar o ser. Sólo silencio. Hay temas que me parecen salidos de un ave mareada que hace como que quiere volar: el futuro, el futuro, ¿por qué parece tan importante? El mío pues, para otros. Yo voy improvisando, sin objetivo, sin rumbo y mientras esto va así me encuentro serena y feliz. Cuando me preguntan, ¿con quién?, ¿a qué vas? No entiendo. 

¿Para qué poner un dedo sobre las hojas de un árbol y decir que son verdes, o no lo son? ¿Para qué repetirlo? Es que poco me importa. Quizá he perdido esa espiritualidad que proponen: "Es maravilloso escuchar a otro ser humano".  A veces uno tiene derecho a mandar a la mierda todo y las cosas están bien. 

La paz es la cosa más agradable que tuve en esos meses grises y cuando la percibo me uno a ella. La soledad, bendita. 

Aunque de vez en cuando me encuentro con alguien que al hablar no le pesan las palabras. Entonces interrumpir el silencio por tu música o por tus silencios se siente bien.

lunes, abril 03, 2017

De la luz que tocaste con un dedo, jugando

Una tristeza que terminó por apagar algunas luces que tenía dentro. Me descoloca en todo momento. No me desagrada aceptarla, llegó a mi camino y supongo, que detalles más o detalles menos, también la elegí.
Ese algo que tenía antes, algo que era mío, algo que se había construído desde el origen, ahora está bien muerto. Así son. Pero estoy bien, estoy mejor. 

jueves, febrero 16, 2017

Aún no lo entiendes

Cuando tenía 14 años, una amiga y yo nos fuimos saliendo de clases a un parque cerca de su casa. Ahí nos encontramos a dos vecinos suyos como de 12 años que nos platicaban algunas tonterías. Uno de ellos se quejaba de que tuvo una novia en el colegio que le rompió el corazón, que lo dejó por otro, y que además su padre lo obligaba a ir a lecciones de karate. Yo, que atravesaba una crisis familiar y me creía muy rebelde, le planté un beso en la boca para que se callara. Lo hice sin sentimiento, con destreza, sólo porque podía. Él no mostró resistencia: hasta cerró los ojos y se quedó con los labios levantados, queriendo que el beso continuara. Me preguntó si quería ser su novia. Tomé un autobús para irme a casa, huyendo de sus ojitos enamorados. Apática, le dije: “No entiendes nada”. A los días me envió una nota con mi amiga que decía: “Hola Lilian. Me gustó tu beso y tengo roto el 💔 otra vez por tu culpa. Pero quiero que me vuelvas a besar. Mi teléfono es ______ Soy Julio el amigo de Rita”. 
Entonces le llamé para aclararle que no iba a suceder nada más, sin mentiras piadosas, directo todo. Me dijo “Bueno, gracias... bye bye" y ya nunca volví a saber nada de él.
He estado en su lugar dos o tres veces.